Lo siento, no he podido dejar de imaginarte como la Perfección.
Soy una simple mortal que desea tener lo que nunca ha tenido.
Pero no es suficiente un reflejo.
No es suficiente un instante.
Quiero estar tan cerca.
Es tiempo de Amar.
Recuerdo que algún momento te tuve cerca,
pero fui tan ciega que no te pude ver.
Mi alma se quiere unir,
anda perdida buscando el éxtasis místico.
Mi alma quiere ser inmortal para unirse con sus alas
y poder volar.
Una vida no sería suficiente para dejar de desear.
Daimón
Es un espacio para el diálogo sobre temas de erótica, en especial la platónica. Cualquier información que contribuya con la ampliación de nuevos conocimientos serán bienvenidas.
domingo, 4 de marzo de 2012
viernes, 2 de marzo de 2012
No sé cuantas veces he muerto
No sé cuantas veces ha muerto mi alma
se ha lanzado en un mar de conflictos
se lanza en el abismo de la desilusión
grita desesperada la muerte
llora el amor y se quema con sus lagrimas
Pero el cuerpo no quiere la muerte
quiere vivir
quiere el querer
anhela volver a ese abismo.
y por eso sigo viva.
No sé cuantas veces mi imaginación ha deseado lanzarse en un vacío
y esconderse en la oscuridad
ya no quiere volver a la vida
pero qué es la vida si no la conciencia de la muerte.
Pero mi deseo quiere seguir deseando
él es más fuerte que el fuego
que me arrastra y me consume en rabia,
una rabia irracional que quiere la vida y la muerte.
No sé cuantas veces he muerto.
se ha lanzado en un mar de conflictos
se lanza en el abismo de la desilusión
grita desesperada la muerte
llora el amor y se quema con sus lagrimas
Pero el cuerpo no quiere la muerte
quiere vivir
quiere el querer
anhela volver a ese abismo.
y por eso sigo viva.
No sé cuantas veces mi imaginación ha deseado lanzarse en un vacío
y esconderse en la oscuridad
ya no quiere volver a la vida
pero qué es la vida si no la conciencia de la muerte.
Pero mi deseo quiere seguir deseando
él es más fuerte que el fuego
que me arrastra y me consume en rabia,
una rabia irracional que quiere la vida y la muerte.
No sé cuantas veces he muerto.
jueves, 1 de marzo de 2012
La carta de Eros
Entre los transeúntes que se encaminan hacia direcciones distintas me hallaba. Me sentía tan ahogada por los gritos de quejas y reglamos de la multitud que no pude evitar angustiarme. Así que empecé a caminar tan rápido como pude. Ni siquiera sabía hacia donde me dirigía.
La sensación repentina de extraviada se apoderó de mí. Esa sensación frenética fue la que me impulsó a preguntarme qué hacía allí.
Sin ningún motivo aparente miré mis manos. Noté que había olvidado algo, algo de lo cual sostenía que se calzaba de forma perfecta con el dorso de mis manos. ¿Qué era lo que olvidaba? No lo sé. Mi corazón sólo sentía una gran nostalgia. Pude percibir como una parte de mí se desgarraba, se manifestaba en gruesas gotas de lágrimas que caían suavemente sobre mi rostro.
Si pudiera hablar mi corazón gritaría por su regreso. El sentimiento que hacía brotar mis lágrimas, ese sentimiento que venía de lo más profundo de mí, me decía que había olvidado un tesoro.
Por un momento intenté correr en su búsqueda, pero mis piernas, cuan estatuas, se quedaron inmóviles. Al levantar la mirada puede observar entre la multitud un par de ojos que se me hacían tan familiar. Era como si algo en mí lo reconociera. Era como si nunca hubiese mirado otros ojos parecidos a ellos, porque esos ojos le pertenecían a alguien tan perfecto que no es posible que existan dos iguales.
Fue entonces cuando nuestras miradas se encontraron. Al parecer mi corazón lo había reconocido porque sentí como saltaba y se aceleraba. Pero me dio tanto miedo que preferí huir. El por qué huí es algo nunca comprenderé. Sólo quería escapar de aquel lugar que me hacía sentir tan extraña.
Mientras me alejaba pude escuchar unos pasos que me seguían. Cuando me detuve, alguien detrás de mí me jaló del brazo. Mi corazón se detuvo por unos segundos y puede observar aquel rostro perfecto que tantas veces fue motivo de mi inspiración.
- - ¿Por qué me haces esto?
Fue lo único que le pregunté. Sentí como mi voz se quebraba al pronunciar esa palabras. indecisa por lo que iba hacer, lo miré cuan se mira a un dios, me balanceé sobre él, y quedando de puntillas, posé mis manos frágiles sobre su cuello. Sus manos en el borde de mi cintura me hizo sentir algo que nunca había sentido, me hizo sentir feliz.
Pero mi ambivalencia apareció:
Pero mi ambivalencia apareció:
Sabía que ese momento terminaría, que este amor efímero no dudaría para siempre. Eso me causaba tanto dolor, tanto que, deseaba que él no estuviera dentro de los vivos, que no existiera ese ser que irrumpió mi tranquilidad. Odiaba tanto su presencia perecedera que huía de su mirada, de sus manos, de todo él.
Pero lo amaba tanto que me dolería más que no estuviera. Su lejanía me rompería el corazón. Deseaba estar tan cerca de él, no sólo un instante sino siempre, toda la eternidad.
Entonces me di cuenta que buscaba la eternidad, y no su amor, simplemente porque yo era Amor: aquel ser que todo mundo desea tener.
Qué más trágica podía ser mi vida si yo impartía amor y no tenía el mío propio.
Entonces comprendí que yo, Amor, no podía permanecer alejado del mundo, de aquel mundo perecedero, debía entrar entre la multitud y experimentar aquello que le deseaba a los otros.
Así que pude recordar qué era lo que buscaba, me buscaba a mí. ¿Cómo el Amor podía estar solo? Tuve mi primer deseo y fue amar: amar la búsqueda de lo que yo pensaba era la perfección.
Cuando volví el rostro hacia él, y lo miré fijamente, me dije para mí: qué importa si no es para siempre, ya he comprendido el verdadero amor.
Me incliné sobre sus labios y lo besé.
lunes, 14 de noviembre de 2011
La apertura a nuevos horizontes
"Muchas veces me gustaría incluso no verlo más entre los vivos, pero sé que si esto sucediera, experimentaría un dolor mucho mayor; de modo que no sé cómo actuar (...)" Banquete 216c
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